
¿Y qué pasa si nos enteramos de que los anticuchos que comemos son hechos con corazón de vaca argentina porque la carne peruana es muy tela? ¿Podría aguantarlo nuestro orgullo? Suponemos que sí, mientras la receta no cambie. Mientras personajes como el tío Mario en Barranco, o la tia Grimanesa en Miraflores sigan ofreciendo generosas porciones de esas brochetas de corazón de res maceradas en ají panca, ajo molido, y otros condimentos, hechas a la parrilla (aunque los vecinos de Enrique Palacios estén hartos de todos los carros que allí se estacionan).
No todo el mundo entiende al anticucho. “¿Comen vísceras?”, nos preguntó con recelo una amiga española. Le respondimos que sí y que es una maravilla. Solo es cuestión de tener la oportunidad de probarlos para, casi siempre, quedar rendidos ante su imponente sabor. Uno de sus hinchas es el periodista gastronómico español Ignacio Medina. “Me fascinan los anticuchos. Sobre todo por ese sabor racial, bravo y directo que te llega directamente a la conciencia y despierta los instintos más escondidos”, dice en el blog sin recetas. Directo al corazón.
Vea un video de la receta aquí.

































